- La pieza, escrita por Antonio Escámez y dirigida por Rafael Calatayud, está interpretada por Miguel Seguí junto al propio Calatayud y forma parte del programa de Residencias de Creación de Carme Teatre
- El montaje sitúa a dos hombres en el bar de un teatro para abordar el éxito, la vocación, el deseo, la ocultación y las ficciones necesarias para sobrevivir
- Miguel Seguí, actor y creador vinculado al teatro valenciano contemporáneo, asume uno de los papeles centrales del montaje
- La programación incluirá dos encuentros con el público: el primero con el equipo artístico y el segundo con Rocío Saíz y la directora de casting Sofia Siveroni
Valencia, 09/06/2026
En el bar de un teatro, mientras el viento sacude la ciudad y el mundo parece venirse abajo, un actor espera a un director que quizá nunca llegará. Ese es el punto de partida de Ser grandes en Japón, texto de Antonio Escámez dirigido por Rafael Calatayud, que se estrenará del 11 al 21 de junio en la sala Carme Teatre dentro de su programa de Residencias de Creación, en el marco de la Temporada XXXI. La pieza, interpretada por Miguel Seguí y Rafael Calatayud, propone un duelo entre pasado y presente, entre el teatro y la vida, entre lo que se quiso ser y lo que se ha aprendido a fingir.
La obra transcurre en un pequeño bar teatral donde un actor espera, bebe y recuerda. Frente a él, un camarero le sirve copas y verdades. Lo que comienza como una conversación incómoda deriva en un enfrentamiento entre dos formas de mirar la vocación, el éxito, el deseo y la derrota. En ese espacio de espera, dos hombres se enfrentan a una pregunta que lleva veinte años sin respuesta.
Para Antonio Escámez, el bar no es solo un lugar de paso, sino un espacio fronterizo entre la escena y la vida. “El bar es una frontera. No es todavía la escena, pero tampoco es la calle. Es un sitio donde se espera, se bebe, se exagera, se miente, se recuerda, se fracasa un poco mejor”, explica el autor. Desde ese lugar, la pieza desplaza el teatro fuera del escenario y lo sitúa en una zona más íntima, atravesada por la memoria, el cansancio y las cuentas pendientes.
El texto trabaja sobre la espera, la mentira y la palabra como materiales escénicos. Escámez señala que quería “volver a algo muy antiguo y muy radical: dos actores, una situación, una espera, una mentira y la palabra empujando la función entera”. La obra reivindica así un teatro de texto sostenido en la relación entre intérpretes, en la escucha y en la fricción entre lo cotidiano y lo emocional.
El título remite a una idea de segunda oportunidad, más que a una noción convencional de éxito. “Para mí, ‘ser grandes en Japón’ no significa necesariamente triunfar en otro lugar, sino imaginar un territorio —real o mental— donde una vida pueda leerse de otra manera. Japón es la posibilidad de escapar, aunque sea por un instante, de esa idea de éxito y fracaso que nos han inculcado el capitalismo, el neoliberalismo y también ciertas estructuras antiguas que todavía sobreviven”, explica Escámez. A partir de esa imagen, la pieza pregunta qué significa realmente fracasar, quién decide cuándo una vida ha sido pequeña o grande, y qué ficciones necesitamos para darnos una segunda oportunidad.
La obra incorpora también una lectura vinculada a la identidad, la masculinidad y la experiencia de actores homosexuales dentro de la profesión. El texto aborda la presión por ocultar o corregir determinados gestos, voces o formas de estar para encajar en un imaginario de éxito. “Hay algo muy cruel en tener que actuar masculinidad para poder actuar profesionalmente. Es una doble interpretación”, afirma el autor. En ese sentido, Ser grandes en Japón plantea una reflexión sobre la representación, la supervivencia y el coste personal de sostener determinadas ficciones dentro y fuera del escenario.
Escámez sitúa esta dimensión en la biografía emocional del personaje de Ángel, pero también en una pregunta más amplia sobre los cuerpos y las voces que han sido aceptadas o expulsadas de determinados espacios escénicos. “La pluma, la voz, el gesto, el deseo, todo podía convertirse en un problema. Y eso deja marcas”, señala. La pieza no convierte esta cuestión en un tema añadido, sino que la integra en la relación entre los personajes, en su manera de hablar, protegerse, herirse y reclamar un lugar.
El montaje combina humor, tensión y una sensación de derrota compartida. Según el autor, la obra no busca presentar la derrota desde un lugar solemne, sino desde su convivencia con lo cotidiano: una copa, una mancha, el cierre de un bar o una conversación que se alarga más de la cuenta. “Lo cotidiano no rebaja lo trágico; muchas veces lo vuelve más insoportable. Nos rompemos mientras pedimos un whisky. Nos despedimos mientras huele a comida. Nos humillamos hablando de tonterías. Así funciona la vida, y el teatro tiene que atreverse a mirar eso”, apunta.
Miguel Seguí asume el personaje del camarero en un proceso de trabajo compartido con Antonio Escámez y Rafael Calatayud. Actor, director y creador vinculado al teatro valenciano, Seguí aporta al montaje una interpretación construida desde la escucha y la presencia escénica. “Empiezo a entender que las palabras que escribí eran para su voz. Su piel. Su respiración”, escribió Escámez durante los ensayos. La relación artística entre los tres creadores atraviesa también la construcción de la pieza.
En el proceso escénico, la dirección de Rafael Calatayud trabaja a partir de esa tensión entre palabra, cuerpo y memoria. La pieza supone además el regreso de Calatayud como actor tras casi diez años fuera del escenario, un elemento que dialoga con el propio núcleo de la obra: el regreso, el miedo a volver, el cuerpo del actor y la memoria del oficio.
El dramaturgo Rodolf Sirera ha destacado tras la lectura del texto su dimensión teatral y emocional: “Es una obra estupenda, me ha gustado mucho, es divertida, a momentos, en otros tremendamente triste. El tema de la decadencia, de las personas, de los sueños, es siempre doloroso. Pero el final tiene un punto mágico de esperanza que, aunque sabemos que todo va a acabar en fracaso, confiere una gran dignidad a los personajes”. Sirera también ha señalado que se trata de “una obra muy Tennessee Williams de la última época”.
Como parte de su programación expandida, Carme Teatre desarrollará dos acciones de mediación vinculadas al proyecto dentro de Divendres Tangents. La primera tendrá lugar el viernes 12 de junio, en el formato habitual de encuentro posterior a la función, con la participación de Antonio Escámez, Rafael Calatayud y Miguel Seguí. La segunda se celebrará de manera excepcional el domingo 21 de junio y contará con la participación de Rocío Saíz, cantante, actriz, artista multidisciplinar, divulgadora y activista LGBT, y Sofia Siveroni, directora de casting vinculada a proyectos de cine, televisión, teatro y musicales. Ambos encuentros permitirán ampliar el diálogo con el público en torno a los temas que atraviesan la pieza, desde la vocación teatral y el éxito hasta la identidad, la representación y las ficciones construidas dentro y fuera del escenario.
Entradas disponibles en: https://entradas.carmeteatre.com/espectaculo/4/ser-grandes-en-japon.html
Publicado por Noticias Comunitat Valenciana (NCV)
