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El Centre del Carme presenta ‘Todo lo sólido se desvanece en el aire’, una exposición sobre la cultura de lo etéreo

  • La muestra reunió ayer viernes los trabajos de artistas nacionales e internacionales que tomaron la ciudad de València como objeto de estudio


Valencia, 24/10/2026
El Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) presentó ayer viernes ‘Todo lo sólido se desvanece en el aire’, una exposición colectiva que reflexionó sobre la cultura de lo etéreo, la idea de lo volátil y la aceleración del mundo contemporáneo en la era de la virtualidad.

La muestra, comisariada por Diana Padrón, reunió los trabajos de artistas de interés en el ámbito nacional e internacional que tomaron la ciudad de València como objeto de estudio a través de múltiples formatos: investigación artística, diseño, ilustración, fotografía, escultura, instalación, vídeo y arte sonoro.

Se trató de las obras de María Alcaide, Pablo Capitán del Río, Denis Darzacq, Natalia Domínguez, Miquel García, Cristina Garrido, Laura Llaneli, Lemos and Lehmann y Lorenzo Sandoval.

La exposición, que podrá verse hasta el 13 de diciembre en la Sala 2 del Centre del Carme, fue presentada este viernes por el director-gerente del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, Nicolás Bugeda, acompañado por la comisaria de la muestra y varios de los artistas participantes.

Durante su intervención, Bugeda subrayó la importancia de la investigación que había detrás de cada proyecto artístico y “la oportunidad que ofreció la exposición para acercarnos a la obra de artistas de relevancia de fuera de la Comunitat Valenciana que, sin embargo, tuvieron algún vínculo con València, lo que nos permitió ver cómo se nos ve desde el exterior”.

Por su parte, Diana Padrón explicó que la manera en la que entendimos el mundo estaba atravesada por el paradigma de lo volátil. “Sin duda, el mercado y los valores financieros fueron volátiles, pero también fueron cada vez más obsolescentes los contratos de los trabajadores, los derechos, la vivienda, el consumo, la moda, el gusto e incluso las relaciones afectivas”, señaló.

Según afirmó, “en la era de la radical virtualidad, el espacio doméstico demostró ser un centro de teletrabajo mientras nos proveyeron los ‘riders’ que atravesaron la ciudad ‘volando’”.

En este sentido, se refirió al título de la exposición como “una consigna que vino a reafirmarse como la crisis de cualquier categoría estable que caracterizó el llamado trabajo inmaterial, es decir, la apología del rendimiento y la lógica ‘multitasking’ que nos acercó cada vez más a la figura del acróbata, desafiando la gravedad en nuestra habilidad por adaptarnos a cualquier posición, por imposible que fuera”.

La cultura de lo etéreo

Las diferentes propuestas que compusieron la muestra reflexionaron sobre la cultura de lo etéreo desde ámbitos como el laboral, a partir del propio trabajo artístico, pero también desde el mercado de la vivienda, el consumo, la tecnología, sobre la aceleración del mundo contemporáneo o sobre lo intangible.

La obra de María Alcaide estuvo relacionada con el mundo laboral, construida a partir de encuestas realizadas a trabajadores y concebida como una reflexión sobre los procesos de selección de personal. Su trabajo se presentó en la sala en forma de instalación que recreó el entorno de una oficina.

En esta línea, Padrón señaló la transformación del mundo laboral: “Pasamos de lo que se conoció como el trabajo fordista, en el que el empleado realizó todo el tiempo la misma tarea, a convertirnos en personas multitarea”.

Lorenzo Sandoval también vinculó su obra al ámbito del trabajo a partir de una investigación en las fábricas de textil valencianas. La fotografía y la escultura fueron los soportes sobre los que materializó un estudio que desveló cómo las máquinas tradicionales ya utilizaron una tecnología que asociamos con las prácticas actuales.

Además, la exposición incorporó obras en las que lo volátil fue más explícito, como fue el caso de la fotografía del colectivo Lemos and Lehman, una nube de vapor que surgió de un volcán de Islandia.

Por su parte, la artista sonora Laura Llaneli transformó esa nube en una nube de platillos de percusión. La instalación estuvo realizada a partir de los platillos rotos de otros músicos para reflexionar sobre la transformación o la imposibilidad del sonido, una cuestión que enlazó con su siguiente obra sobre la incapacidad de escuchar nuestro cuerpo.

Natalia Domínguez presentó una instalación sonora basada en respiraciones y sonidos asociados al esfuerzo físico y al agotamiento, acompañada de una intervención realizada con materiales procedentes de un paracaídas que remitieron a la volatilidad de los cuerpos.

A través de un trabajo audiovisual, Cristina Garrido reflexionó sobre la teoría de la hiperproducción en la industria cultural, especialmente sobre lo que rodeó a las ferias de arte.

En cambio, la obra de Denis Darzacq versó sobre la idea de la obsolescencia programada y el consumo, con imágenes de cuerpos que flotaron en el interior de supermercados, en referencia a la volatilidad del mercado.

Asimismo, el artista Miquel García presentó una silueta urbana de València de más de siete metros de longitud, configurada con las cifras sobre la evolución del precio del metro cuadrado del alquiler y de venta de la vivienda en la ciudad.

Finalmente, el escultor Pablo Capitán del Río presentó una escultura realizada con resina y concebida como una pieza en transformación, cuyo aspecto fue modificándose durante el tiempo que permaneció expuesta, hasta desvanecerse, como en el Arte Povera de los años 70.


Publicado por Noticias Comunitat Valenciana (NCV)




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