Opinión Algo más que palabras 31/12/2009 A los Estados, a cualquier ciudad o pueblo, engendrar la alegría por los caminos de la vida. El mundo llora demasiada tristeza. La dicha de vivir nos pertenece a todos los humanos. Sólo hay que dejar mirar y ver el júbilo del universo, entusiasmarse con él, saltar de gozo, habituarse en tomar las cosas con regocijo. Una sociedad que alimenta desesperaciones, y se mofa de las desgracias ajenas, francamente está enferma. Merece cuidados y cultivos especiales, sobre todo de ternura y compasión. Para alegrarnos la figura precisamos antes alegrarnos el espíritu, necesitamos no sólo cosas, sino amor y autenticidad: requerimos el abrazo sincero, la cercanía del ser humano junto al humano ser, que aviva nuestro corazón, y responde a nuestros deseos más hondos. Hoy más que nunca demandamos esperanzas fiables para entusiasmarnos y entusiasmar al planeta. Hay que activar el apostolado de la verdadera sonrisa. La satisfacción de sentirse bien...
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