Opinión Valencia, 08/09/2009 Hace apenas unos años, la innovación era una actividad aislada de la estrategia empresarial. En la actualidad, sin embargo, no cesa de crecer el número de empresas sensibilizadas con la innovación, conscientes de la necesidad de traducir ideas en nuevos lanzamientos. Ahora, se establecen procesos ordenados para gestionar y fijar objetivos, tareas, personas y responsabilidades en cada una de las etapas del proceso innovador, desde la detección de una oportunidad hasta la llegada de un nuevo producto al mercado. Innovar es una necesidad –así lo entiende la mayoría de las empresas–, pero la gran cuestión para muchas de ellas es cómo se pueden implantar procesos verdaderamente eficaces que permitan ganar en competitividad, ligados a los objetivos que marca la estrategia. El futuro exige que la innovación se convierta en un amplio compromiso de todas los que forman parte de la empresa, una realidad que empape todas las actividades y ofrezca respuestas a las nece...
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